Periodistas fabuladores

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El precio de la verdad es, desde ahora, otra de esas películas que habrá que guardar en la lista de fundamentales para entender un poco más esto del periodismo. En esta ocasión sobre lo que no hay que hacer.

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Cartel de El precio de la verdad

Y es que, hasta que llega la investigación de Forbes, el joven Stephen Glass jugó con todo el mundo (lectores de la revista The New Republic y directores y compañeros de redacción). Pero la publicación del artículo “Hack Heaven” -sobre un joven hacker de 15 años que entró en el sistema informático de una gran compañía y posteriormente fue contratado para trabajar como consultor de seguridad- no pasó desapercibida para el reportero de Forbes, Adam Penenberg que lo investigó. Hasta que publicó el artículo “Forbes Smokes out fake New Republic Story on hackers”, que sirvió para tirar del hilo y destapar la farsa en la que se había convertido la carrera de Glass. El redactor fue despedido en 1998 y acabó por saberse que 27 de sus 41 artículos contenían elementos ficticios o eran totalmente inventados.

Esta clase de artículos también pueden ganar premios Pulitzer“, o “la grandeza del periodismo radicaba en descubrir el comportamiento de las personas” son algunas de las frases que me llamaron la atención en esta película, en la que llegó un punto en que me hacían bastante gracia las artimañas de Glass para inventar sus fuentes, como la de diseñar hasta una página web de una empresa inventada.

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El auténtico Stephen Glass

Sin duda el elemento más importante de la película, por si aún los periodistas o futuros periodistas no nos habíamos dado cuanta, son las FUENTES. En el periodismo tener buenas fuentes te facilita parte del trabajo. Pero, por supuesto, que esas fuentes sean ¡reales!, para que no nos pase como a Glass. Esto me lleva a otra de las partes clave de la película, cuando el director de The New Republic Chuck Lane le pide a Glass que le lleve al lugar de la supuesta convención de hackers para acabar comprobando el supuesto día de la convención, el sitio estaba cerrado.

En líneas generales, insisto en la importancia de las fuentes pero también en la labor de los medios para comprobarlas, algo que no hizo lo suficientemente bien The New Republic con los artículos de Glass. Desgraciadamente, hoy en día leemos muchos artículos con informaciones sin contrastar y eso no es solo problema del control de los redactores jefe o directores, también se echa en falta una ética periodística adecuada.

Como conclusiones me quedo con:

  1. Uso de buenas fuentes informativas. Es algo que todo periodista debe de saber más que de sobra, pero no está de más recalcarlo después de ver esta película.
  2. Ética profesional. Algo que no ha conocido el protagonista de esta historia y que es fundamental para dedicarte a esta profesión, aunque muchos periodistas actuales tampoco sepan qué es.
  3. El papel que juega Forbes. Determinante para desmontar el castillo de naipes montado por Glass.
  4. Hecho clave en el mundo del periodismo perfectamente reflejado en la película de Billy Ray, muy bien ambientado y con una interpretación aceptable por parte de Hayden Christensen (el que años más tarde sería el joven Anakin Skywalker en Star Wars).
  5. Stephen Glass sería un gran escritor. En 2003 publicó una novela, aunque biográfica, titulada “El Fabulador”.

Para acabar, otro gran debate que plantea esta historia es si el rigor y el buen periodismo van ligados a los medios tradicionales. Es cierto que con los medios digitales puede resultar algo más fácil emular a nuestro protagonista, pero no creo que deba de ser un motivo que separe el mundo print del online, que cada vez se unen más.

El rigor y la ética periodística no deben diferenciarse si escribes en un blog o en un medio online, o si lo haces para un medio impreso, son principios que están por encima de formatos. Primero está el periodismo y sus normas, y luego los tipos de medios para los que escribimos.

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Un comentario el “Periodistas fabuladores

  1. Pingback: Dejemos que nos lleve la marea | Producción Periodística

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