La necesidad de la ética en el periodismo

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El Precio de la Verdad: Dirigida por Billy Ray. Año 2003. Género: Drama / Periodismo.

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El Precio de la verdad es una película que trata sobre el caso de  Stephen Glass (interpretado por Hayden Christensen), un periodista que  se inventa la gran mayoría de reportajes (21 de 47) que pública para el medio en el que trabaja, el New Republic. El film se centra en un reportaje sobre las andanzas un hacker menor de edad, en el que además había varias empresas detrás buscando obtener beneficios con ciertas prácticas ilegales. La redacción digital de la revista “Forbes”, concretamente Adam Penenberg con los artículos “Lies, damn lies and fiction” y “Forbes Smokes out fake New Republic Story on hackers” trató de desmontar el reportaje de Glass, investigando la veracidad de todas las fuentes usadas.  La película está basada en hechos reales, y todo esto ocurrió en el año 1999.

La película se mete dentro del periodismo de manera inteligente y bastante real. Especialmente atractivo resulta la importancia que Billy Ray le da a las fuentes informativas. Si tienes buenas fuentes, tienes muchas posibilidades de redactar una buena información. De hecho, lo mejor de la película es  ver como Chuck Lane y Kambiz Foroohar (los jefes redactores de New Republic y Forbes respectivamente) contrastan la procedencia e incluso existencia de las fuentes que utilizó Glass para su reportaje “Hack Heaven”. Como se dice en la película: “Si el artículo es bueno, el proceso lo mejora”.

Este largometraje nos muestra la importancia de la ética profesional del periodista, de la que sin duda carece el protagonista de la historia.  Pero también queda patente la ausencia de ésta misma en muchos periodistas de las dos revistas. Llama la atención como varios compañeros/as de Glass le defienden ante su se jefe a sabiendas de que éste era un fraude total. En la otra cara de la moneda, los periodistas de Forbes, que dan un ejemplo de moral y ética, al esforzarse muchísimo para encontrar la verdad.

En este sentido, es también cautivador la visión de la película sobre la autorregulación. Se nos muestra que todos los artículos pasan por muchas manos antes de ser publicado, pero es evidente que es un proceso insuficiente. Los medios de comunicación deben tener un gran control sobre lo que publican sus periodistas. A falta de una legislación más eficaz, debe ser el propio periodista el que tenga la capacidad moral de informar como es debido.

Quizás el film podría haber mostrado más en profundidad el ritmo frenético de las redacciones periodísticas. Aunque es fantástico el momento en el que el redactor jefe  del New Republic se reúne con varios de sus periodistas para escuchar todas las informaciones posibles a publicar.

 

5 conclusiones sobre el caso:

–       Es necesario y fundamental la búsqueda de la verdad. Si se falsea la información no existe el periodismo. Esto ocurre porque hay periodistas que lo único que buscan es fama, o sacar el trabajo adelante como sea, sin ningún tipo de rigor ni precisión. No existe una práctica peor para el periodismo.

–       El Trabajo que realizó Forbes es un ejemplo a seguir. El periodismo no sólo se trata de dar informaciones propias al público. Hay ocasiones en las que también es necesario desmentir noticias de otros medios (siempre que haya una fundamentación). Esta profesión trata precisamente de esto, de mostrarle a la gente la realidad. Los periodistas no pueden permitir este tipo de engaños y es clave que se hagan investigaciones de este tipo. Adam Penenberg es un modelo referencial fantástico para los futuros periodistas. Cabe recordar que la edición digital de Forbes sólo llevaba un año activa, por lo que este descubrimiento es poco menos que un hito.

–       La película te hace plantearse la facilidad con la que se puede falsear la información. Y no sólo eso, sino que a través de estas mentiras un periodista puede obtener una reputación buenísima. ¿Quién sabe si lo que leemos es verdad o mentira? Confío en la buena fe de los periodistas, pero si ha habido casos como este, porqué no podrían repetirse.

–       Los directores, jefes redactores deberían tener un mayor peso en la revisión de las informaciones que se van a publicar en los medios, con ello se podrían reducir al máximo los casos como el de Stephen Glass. Se podría incluso crear un área concreta de repaso y revisión exhaustiva de la información.  La autorregulación es fundamental en el periodismo, dado que son los propios periodistas los que deben predicar con el ejemplo y aportar la mayor ética y moral posible.

–       Por último, es evidente que el periodismo digital está en constante evolución y avance. Existe en las mentes de los lectores la sensación de que las informaciones que aparecen en la red son menos veraces, menos serias, peores en definitiva. Craso error, el periodismo digital es tan digno y positivo como el tradicional. Es cierto que la inmediatez provoca en ocasiones que las noticias no sean contratadas como es debido, pero el periodista de calidad puede estar en cualquier medio. Hay que empezar a tomarse Internet como un medio de comunicación más.

Es muy destacable también la colaboración que mostraron New Republic y  la edición digital de Forbes, como el jefe de éste primero accede a incluso facilitarle información al segundo. Una muestra de lo necesario que es que el print y el online cabalguen juntos hacia la buena práctica del periodismo. Todavía es más meritoria dicha colaboración si se tiene en cuenta de que se trata de dos medios de comunicación  totalmente diferentes. Los periodistas, independientemente de donde trabajen tienen que trabajar por realizar una información veraz y de calidad, y si en ocasiones se tienen que ayudar, no tiene porque haber problemas.

 

Está claro que rigor, verificación y buen periodismo no tienen porque ser sinónimo de medios tradicionales, ni tampoco de medios más modernos. La calidad periodística la realiza el buen periodista, trabaje en el medio que trabaje. Un periodista que trabaje bien las fuentes, que sea riguroso y veraz con la información que publique, y que tenga pasión por lo que realiza será un buen periodista,  trabaje para un periódico, una televisión o una página web. Es importante que no se asocie el buen y mal periodismo al tradicional  ni al online. El periodismo es de los periodistas, y será el trabajo de este el que determine la calidad de la información. En otras palabras, podemos encontrarnos con un estafador como Stephen Glass en un periódico, radio, Internet, etc,  de la misma forma que podemos ver un gran periodista en cualquier medio de comunicación.

 

Al fin y al cabo, “El precio de la verdad” nos muestra la importancia que tiene la ética en el sector periodística. No todo vale por vender y por popularidad. El periodismo es mucho más que eso.

 

 

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